Tiene que ser el tiempo, o el recuerdo, o el coco que dé vueltas -que las da, claro- o qué se yo.
Pero los recuerdos se van volviendo más luminosos y, por una extraña función mental que atribuyo a llevar más de dos años sin probar una gota de cualquier cosa que contenga alcohol, salen imágenes más pormenorizadas.
Por ejemplo una de ellas es que íbamos a Linares. Nada más que por eso valía la pena, el viaje, la lata, el portarse bien y lo que fuere....
Pero había regalos complementarios.
Teníamos un tío que era mágico. ¡Ay!, por eso los recuerdos son cosas así. Evanescentes aún a pesar de lo concreto y esto, con pelos y señales.
Un dato claro. Media mañana de cualquier día de fechas parecidas a las que estamos.
Portal de casa de la abuela. Juegos más o menos difusos porque ya pasó el tiempo de hacer recortables con las "estampas" de propaganda de medicamentos del abuelo y vamos buscando cosas a hacer....
Suena el timbre y aparece el hacedor de anécdotas a miles: Tío Juan. Sonriente como tiene fija la expresión en la cara, entra, saluda a la abuela y dice, ¿quién se viene al "Hoyo"?.
No hace falta gritar físicamente, pero se me ve en la cara y, conmigo, algún primo más.
Treinta y cinco segundos más tarde. A veces, menos. Estamos en el "4 latas" de tío Juan camino de Pedro, Pedro-Luis y, creo, Petra.
Barrio de Arrayanes, entrada a la Cruz, desvío por la colonia y con cuidado porque siempre esa entrada estuvo 'mala', encaramos las curvas típicas de la bajada hasta la finca.
Están haciendo la 'casa del Hoyo', donde después veranearían los Martínez Cobo. Casa de oficina antigua de antigua mina La Juanita. Extraña por el sitio, los alrededores con piscina rota, arenal extraño, base de la cabria y las casas de la maquinaria.
Pero ¡estábamos allí con tío Juan!...
Habla con los albañiles, dice algunas cosas y, ¡pásmense!, pasando por el manantial del que se sacaba agua para la casa, cruzamos la vía del "trenillo de la Carolina" y subimos hacia la carretera que, desde Guarromán va hacia Linares....
Lo mejor de lo mejor es que voy conduciendo yo. Auténtico. No recuerdo en qué edad precisa estaba, pero alrededor de los 15/16 y, antes de coger el volante el tío me había preguntado si sabría hacerlo....
¡Claro que sí!, aún a pesar de la extraña palanca de cambios que tiene el coche aquel. Creo recordar que sólo tenía tres marchas, motor pequeño puertas de chapa un pelín más gruesas que la que tenía el 2CV. Es decir, es un 2CV, un poco mejorado. Además, como en todos los coches de la familia no tenía "plazas", sino "sitios".
Es decir que allí entrábamos... los que cupiésemos. Y eso era herencia de la furgo de tío Jose, en la que cabíamos... todos. Con mayores incluidos.
Nada, Paseo glorioso a través de esos caminos hacia lo que ahora es un "diseminado" de San Roque. Allí, cambio de conductor y vuelta satisfechísima a casa "de la abuelita.

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