Los recuerdos son, también fuente de aprendizaje. Y, como variopintos que son, pintorescos los resultados.
Así, hace tiempo, tuve una reflexión, que yo llamo "conjeturas de Rafa", acerca de algo pintoresco.
¿Qué tiene que ver la higiene con el tiempo?
Pues, yéndome al recuerdo me salió, me salieron, más bien, un montón de imágenes clarísimas. Recordaba el enormísimo mantel que se ponía en la mesa de los Martínez para que comiéramos allí el ciento y los abuelos. Y, se llegaba al postre, al cafetín, a los enanos encima de la mesa a cuatro patas y, al final, al final, aquello había quedado lleno de "mijitas" de pan, de bizcocho y polvo de azúcar. No se podría guardar así. Había que sacudirlo.
Entonces llegaba la tía más densa del mundo. Digo densa porque era tía, tiííísima, madre adoptadora de sobrinos y primos, en fin, ¿qué podría decir de tia Isa que no supiéramos todos?. Pues ella.
Y como densa, pequeña. Así que, al coger el mantel se solía hacer una especie de lío. Lío que había que desliar para guardar. Se sacudía al suelo del patio, se tomaba por los extremos, o casi, y en el medio, con la boca se daba un bocado para poder doblarlo por la casi mitad. Pero, claro, la tía Isa, densa, era bajita y el mantel daba en el suelo.
Una vez se lo dije a mi padre. Chivato yo por motivos de esa higiene que te hacía huir del suelo para que no se infectaran las heridas. Ni se inmutó y dijo, "bah, es sólo un momento".
Y, de ahí salió la relación entre higiene y tiempo. Si algo cae al suelo y se coge rápidamente, no habrá problema. Menos mal porque con la cantidad de caramelos y onzas de chocolate que se nos han caido...
No hay comentarios:
Publicar un comentario