sábado, 27 de febrero de 2016

La "arena"

Esta denominación no es de un género de terreno, sino un lugar que, por conveniencia, lo llamábamos así. Está, estaba, exactamente, donde se marca en el plano y, realmente, fue un descubrimiento.
Alguien, en algún momento, nos llevó allí. Si fue un mayor, es posible que fuera por conveniencia, estábamos tan cerca de la casa y, tan a la vista, que bastaba echar un vistazo por encima de la "labor" (de punto de cruz, de pegar botones, o lo que fuere), que estábamos vigilados.
Eso sí, también estábamos advertidos. "Si veis un bicho -que lo vimos- como éste (un escorpión), avisad a un mayor. De hecho, pasó, avisamos y se hizo la experiencia del fuego que resultó tremendamente interesante, no sé si correcta o no, pero interesante.
La "arena" era realmente un lado del carril que conducía desde nuestra 'casa' al 'cortijo de arriba', antes de llegar a la chopera.

Tuvo que estar tapada por la pinocha y vegetación normal de la zona, pero alguien descubrió que, debajo, había un estrato de una arena compacta, sin ser dura, que permitía horadar agujeros por medio de un palo o herramienta similar.
Hacíamos 'casitas', es decir, agujeros más o menos paralelepipédicos que pretendían ser 'habitaciones'. Entre ellas, a veces, conseguíamos trazar hasta escaleras y forjar así la ilusión de que estábamos haciendo una casa.
Lo mejor de todo es que conseguíamos añadir ¡muebles¡ y, para ello, acudíamos a otra actividad: la "greda".
Esta era una especie de arcilla que, para suerte nuestra, era de variados colores. La encontramos en mitad del camino que, pasado el 'campo de fútbol', conducía a la 'fuente fresca'. Se cogía esa especie de tierra, se mezclaba con agua hasta formar una pasta de textura especial.
Se moldeaba con la punta de los dedos y, así, hacíamos bolitas, casi cono canicas. Al apretarlas y enrollarlas sobre una superficie plana, salían una especie de "palitos" que lo mismo servía para hacer las patas de una silla que un 'palo' cualquiera.
Asi y así pasábamos el día.

martes, 23 de febrero de 2016

La Bullidera

Por decirlo sin ambages, otro de los paraísos de nuestra infancia. Está en un sitio un tanto peculiar, en mitad de un olivar o, bueno, al lado de un olivar.
Fue uno de los primeros contactos con las "piscinas" a las que pudiéramos tener acceso. Es verdad que era un tanto peculiar. El agua no manaba, "bullía" desde debajo y de existir el "agua fría" aquella estaba por debajo del frío. Heladora.
He tratado de dibujar este prodigio. 

Cuando me llevaron hasta allí quedé tremendamente sorprendido. No se parecía en nada a lo que pudiera esperar. Un 'cortado' en el campo, una esquina de campo que tenía dos paredes de piedra introducidas en la tierra. Formaban un ángulo y enfrente, un muro de cemento que cerraba una especie de trapecio. 
Un agua limpia, cristalina llenaba la cavidad.
Cuando nos dieron permiso para meternos había un mayor de vigilancia. Aquello no cubría, ¿40 cm, quizás 50?. Fondo arenoso, con piedras y, cercano al rincón del muro unas burbujitas salían desde el fondo.
Te metías y encogías todo lo que pudiera encogerse... respirabas corto, y tratabas de aguantar todo lo que pudieras. Al lado, otros primos y algún mayor, mediano, presumía de meterse entero.
Si salías al borde, el camino de tierra te ensuciaba los pies. O sea, que tendrías que volver a meterte. Hacías un esfuerzo, ya sabías la sensación que te esperaba y, la segunda vez, aguantabas un poco más. En el límite, decías que 'nadabas' porque, en algún momento, habías puesto los brazos en la posición de 'braza' y habías echado el agua hacia atrás, sin levantar los pies del suelo.
En fin, era una experiencia
Del trapecio que hablábamos salía una acequia, alimentada por el rebose del recinto,  ésta, transcurría paralela a la continuación de uno de los muros citados.
En un verano que estaba yo en Begíjar se le ocurrió al tío Bernardino hacer una piscina, de verdad.... con el tractor y el arado de vertedera.
Pues la hizo, quiero pensar que 'la hicimos'.... el tractor araba un trozo de campo, después, con la tierra suelta, se llenaba el remolque y se sacaba del futuro agujero.... Así, hasta que se hizo

domingo, 7 de febrero de 2016

el patio de casa de la abuelita

El patio de mi casa
es particular, 
cuando llueve, se moja,
como los demás...
La primera estrofa es más verdad que la segunda. Es más, la segunda, trivializa la primera y, la verdad, el patio de -casa de la abuelita- era particular. Único, asombroso, grandioso, especial, polideportivo, polifacético, formativo, creativo....
O sea, especial.
Era grande, pero no inmenso, era caluroso, pero soportable, era frío, pero también se soportaba, era nuestro sitio, el de los menores, sobre todo cuando los mayores estaban comiendo.
Nos dejaban solos. Cada uno vigilaba su quehacer y el de los pequeños que estuvieran alrededor. Proponía qué hacer o se adhería a los que estaban haciendo algo. O sea, formativo, cooperador de individuos que casi eran sujetos o sujetillos/as.
Pero, creo que ya he hablado de él en algunas ocasiones así que, ahora, añado una que, también creo, se me había olvidado.
El patio de casa de la abuela tenia una "vía de escape", como los teatros modernos y los grandes edificios. No era una escalera "de incendios", pero era una escalera y, casi, tenía instrucciones.
A saber:
Verano, por la tarde, empezando a entrar la fresquita si es que alguna vez entraba en los tórrridos estíos linarenses. En el patio, en la mesa de caballetes, abuelos, tías y tíos y algunos primo-sobrinos más.
De pronto, suena el timbre. Uno de nosotros va raudo a abrir.  (No sé por qué, pero  a mi generación la recuerdo, como gran respondedora ante los timbre de teléfono o de puerta de la calle).
Se abría la puerta, en ella aparecían algunos de los tios tíos, es decir, el Tío Luis Garzón, la Tía Mercedes, Grego-Juan, Luis Cobo o alguno de ellos. 
El que había abierto la puerta decía "hola", les dejaba pasar y volvía al patio diciendo.... "...esto, esto, son los tíos....(no sabíamos con precisión sus nombres y categorías)... de la calle del Doctor, o , de la que vive cerca de Santa María...y así".
Inmediatamente, reacción en el patio, mientras algunos ponían las sillas y butacas algo más ordenadas, se observaba como los abuelos se levantaban de las suyas para ir a saludar
Inmediatamente después, es decir, antes de que entraran en el patio, funcionaba la escalera de incendios: tío Pepe, tío Rafa y, una vez yo, raudos hacia la ventana del comedor, escalándola hasta el "cuarto de las niñas" y, ya dentro de la casa, desaparecer.

El patio de mi casa es particular.... tiene escalera de evacuación rápida.


martes, 2 de febrero de 2016

Desayunos y meriendas

Hace tres o cuatro días estuve comiendo, en Almería, con Rafa Matínez y MariLola. 
Como viene siendo normal, hablamos de recuerdos y requerí asistencia en algunos detalles que me faltan y me seguirán faltando.¡Ah!, por cierto, se requiere a los concurrentes a estas letras que aporten datos. A ser posible, en los comentarios al blog. 

Recordaba Rafa los desayunos a base de picatostes. Nos reímos al recordar lo que eran -y, digo yo, seguirán siendo- las categorías en el desayuno. Desde el pan, pelao y mondao hasta los churros que, al parecer, fueron y serán el  culmen de la rotura del ayuno. 
Tía Teresa era la que hacía los picatostes más cuidados. Estaban en su punto. Luego, unos más y otros menos, el pan frito sustituía al crudo en su relación con el aceite. De galletas, no había nada, si acaso "María Fontaneda" cuando estabas malito, pero muy poco más.
Sí, sin embargo, constatábamos que los desayunos de casa de las tías eran algo especial. Después de la "Misa Mayor" en Santa María, podía haber tostadas con mantequilla, Nescafé, (ahí se me creó un referente personal que aún me acompaña), y algún pastelito de "casa Félix del Amo". En esos desayunos se hacía real la existencia de la 'mantequilla de leche', "Lorenzana", si se terciaba, o alguna marca de igual categoría. Eso sí, en paquetitos pequeños, para indicar la exquisitez del alimento.

Porque, hablando de mantequillas, conviene decir aquí que no siempre han sido eso, mantequillas.
De pequeño asistí al cambio de las margarinas, que era como realmente se llamaban. En principio eran una masa, más o menos amarillenta, que llegaba a comprarse a granel en "Almacenes Peñalver", en la Plaza de San Francisco.
Y, en esto llegó el "Tulipan". 

Y empezó la fiesta. Papá aclaraba que no era mantequilla, mantequilla, pero sí que era la mejor margarina que había en el mercado.
Ya se podían untar las tostadas hasta el filo, como hizo siempre mi hermano Pablo y, además, mi madre empezó a inventar la mantequilla de cacao, el paté de atún, el paté de anchoas, y demás sustancias cremosas que acompañan al pan mañanero o el de la merienda.
Porque se me estaba olvidando el "foie gras"...que podía llegar a estar "más bueno que el pan" y que era susceptible de reinventarse a través de las manos magníficas de mi madre.

Por cierto, he nombrado más arriba a tía Teresa, y le rindo homenaje al partido que le sacaba a las latas de Foie Gras (La Piara, supongo). Imaginémonos -o recordad, quien lo haga-  a Teresa, a eso de las seis de la tarde, coger una 'talega' (bolsa hecha de tela de un antiguo vestido, con un dispositivo para ser cerrada y cogida de su cuerda), poner una hogaza de pan dentro, un cuchillo de los de punta redonda que había en casa de la abuelita, una lata de foie y decir, ¿quién se viene de excursión a la fuente fresca?... Todos. ¡evidentemente!.
Y no había más que foie, pan y, agua, fresquita, eso sí. Pero, ¡vaya tarde bonita!.
Puchi:

 Yo no olvido los desayunos en el patio de los abuelos con mi bollo de pan blando y caliente de la panadería de la calle Tinte(sin tostar), al que le ponía mantequilla en bloque, bastante dura y mermelada casera. Esto acompañado de un buen tazón de cristal (de colores) en el que nunca pude poner colacao pues siempre era café. No he tomado nunca nada igual. Todo ello preparado por tía Isa



miércoles, 20 de enero de 2016

La alimentación exótica

Ya, la normal, cocido, lentejas, habichuelas y cualquier tipo de semillas. Tanto ahí, como en la calle Marqués, calle del Tinte o en la calle del Pontón.
Pero, no es lo mismo hacerlo en un lugar cercano al mercado que en uno que está....a, al menos a 12 Kms.
Y, en el caso de los "potajes", tampoco hay problema, porque hay sacos "de yute" o de lona en los que se puede llevar un montón de kilos, una cuerda desde la que se pueda colgar un buen hueso o, algún lugar donde guardar tocino, morcilla o arreos similares.
¿La leche para el desayuno?. ¡"la lechera"!, de Nestlé, el acompañamiento, agua de la fuente, cucharillas y recipientes, tampoco reviste demasiada dificultad.
Pero, la carne, el pescado y demás acompañamientos del potaje, tenían que ser objeto de algunas estrategias especiales.
Por ejemplo, el "hatero" de quien ya hablamos. En él residía la "fresquez" de la carne, o el eventual pescado -si es que eso existía en Siles-. La renovación del pan "de agua", p.ej., también era servicio suyo....
Entonces, ¿qué queda?.
Pues, lo "pequeño", las meriendas, los desayunos, los acompañamientos a la cervecita de antes de comer y, .. sobre todo, para los pequeños, las meriendas.
O sea, el ámbito de las latas de conserva. La marca "Albo" tenía unas sardinas que, desde entonces, no las he visto tan buenas. Los berberechos eran unos bichos feísimos, que se cultivaban en latas cilíndricas y que se ponían en unos platitos para ser pinchados por unos palillos "de los dientes".
Con más de un primo de la familia me he reído al recordar cómo, en las novelas de Enid Blyton (las de Aventura en... o "los cinco"....) había siempre, en el campo, repisas de roca donde poner las latas a buen recaudo...latas de piña, de melocotón en almibar, de pimientos rojos, de....
Pero, para mí, lo más exótico lo constituía algo que venía bajo este escudo:



Dos manos cruzadas en un gesto un tanto extraño. Barras abajo y estrellas arriba y una anotación: "Donado por el pueblo de los EE.UU. de América".


Y, ¿cómo teníamos nosotros "ayuda americana"?.

Pues, no es fácil. Resulta que, aunque España no entró en lo que se llamaba el "Plan Marshall", sí, por lo visto, nos tocó algún coletazo. Tuvo que ser después del año 1956 o, por ahí, cuando la dictadura se abrió, quizás por lo de las "bases" americanas y alguna ayuda llegó.

¿A dónde?....pues, exactamente, no lo sé, pero sí se que algunas parroquias recibían latas de "queso fundido", amarillo, cremoso, que no tenía forma de queso y sí de lata y que, a mí, por lo menos, me gustaba. Además, las latas -de cartón- de leche en polvo.
Pues sucedía que parecía que al pueblo pobre, pobre, de verdad, no le iba demasiado este tipo de alimentación y querría -digo yo- alguna diversidad. ¿Resultado?, pues que se cambiaban estos alimentos por otros, o por dinero y así se cubrían más expectativas (esto sucede hoy día también y, según me consta, es más difícil de lo que parece atender a la asistencia social).
Total: queso fundido de lata y alguna vez, leche en polvo, que, quiero recordar, no tenía demasiado éxito. ¡Viva la leche condensada!...







martes, 22 de diciembre de 2015

Iluminar la vida

Mi padre decía, siempre que era oportuno, "Niño, enciende la luz; a mí, que me maten cara a cara"....

Quería decir con ello algo clarísimo, o sea, al revés, algo oscuro.... que no veía lo suficiente.

Yo me lo imagino yendo a cualquier tienda de bombillas. Seguro que haría una reflexión sobre si merece la pena comprar las bombillas por la potencia que tienen señalada o cambiar a pedirlas por lúmenes o "candelas". 

Hace poco menos de dos días, apareció una noticia -en FB- sobre la experiencia de conseguir luz por medios naturales. En la foto, había una especie de peceras donde se vislumbraban plantas que, supongo, eran las provocadoras de la luz. Él vaticinó que en algún momento podríamos repetir el mecanismo luminiscente de las "luciérnagas"...y anunciaba que sería superinteresante. Era un procedimiento -decía- de altísimo rendimiento. Más que ningún otro. O sea, que, cuando lo conociéramos, pintaríamos de algún pigmento la parte alta de las habitaciones y, de ahí, recibiríamos la luz.

Pero esto no es tan interesante como el recuerdo correspondiente que tenga que ver con "el paraíso". ¿Cómo nos iluminábamos en un sitio sin electricidad?. ¿Con velas?.... ¡Ah! y, entonces, no había "camping-gas"....Había.... otras cosas.

A ninguno nos extrañaban los "candiles", ni las "velas", ni ninguno de los 'aparatos de luz' que pudiéramos gozar en la sierra. Ya los veíamos en Begíjar o en la misma casa de Linares. Entonces no era nada raro que "se fuera la luz". Cualquiera de nosotros teníamos la habilidad de saber cómo ir a dónde se guardaran las velas, buscar una, cogerla en una mano y, en la otra, la caja de cerillas que prendería el 'pabilo'

Los candiles eran más de Begíjar. Bueno, no, en casa de las tías había unas cuantas lámpatas -candiles disimulados, digo yo- de bronce y, alguna, bastante bonita.

Pero en la sierra había eso... y el protocolo. 

Desaparecía el día y había que prepararse para la noche. Luz en la cocina para hacer la cena, luz para gente que tuviera que salir a algo, luz para acostarse y, lo más importante, luz en el 'salón' donde, alrededor de una mesa de caballetes, cenaríamos un montón de gentes.


Aparecían los "carburos". Llamados así porque su combustible provenía...del 'carburo'. Sustancia parecida a unas piedras azules, que se partían fácilmente, no se podían tocar y, sobre las que, al echar unas gotas de agua, se desprendía un gas combustible. 

O sea, había que llenar una vasija de agua, la parte de abajo, se llenaba de esas piedras. Se cerraba a rosca. Se operaba sobre una válvula de tornillo que abría el paso del agua sobre las piedras. Sobre un 'pitorro' al efecto se aplicaba una llama y, salía una lanza de fuego luminoso. 

Uno para la cocina, otro fuera y... lo mejor. El "Petromax". Aparato mágico donde los hubiere.

Papá tenía adjudicada la liturgia del encendido. Le llevaban el aparato, había una lata con gasolina, supongo, o petróleo, que, con sumo cuidado había que verter sobre el depósito correspondiente.

Al lado de éste, una especie de bomba de inflar ruedas de bicicleta, pero en pequeño, metía aire a presión en algún lugar. Después, con un "fósforo" (también llamado "cerillo") prendía la "camisa" de donde procedería la luz. 
Petromax, parecido -que yo recuerde- al de "la sierra".

En principio aparecía una llama azulada que se extendía a toda la camisa. Un ratito después, al accionar una moleta, la luz aparecería intensa, radiante. Suficiente para "darnos luz" a toda la panda. Se esperaba que aquello estuviera ajustado, dando más o menos intensidad y, al ratito, se consideraba acabada la operación.

Alguien de los jóvenes llevaba, acto seguido al "Petromax" hasta una repisa que estaba anclada en la única columna del salón. Una repisa verde, supongo que hecha por Félix y estupendamente adaptada a su función: poner la luz en alto para que hubiera suficiente para todos.

Me resulta curioso el que, el tal aparato no sea tan antiguo como yo creía. Está en el mercado y, prácticamente, igual que el de la sierra que, ya entonces, era antiguo. Mamá cree que era una lámpara del abuelo que tenía o en Beas o en Begíjar... Así, que, imaginaros.

Las bombillas fueron, siempre, una parte importante en las aportaciones de mi padre a la familia. Él las prefería "de 100 watios" y, curioso, le sirvieron, al menos en lo que a mí respecta, en no confundir Voltios con Watios....Se lo agradezco de veras. Me ha servido siempre.

sábado, 19 de diciembre de 2015

Las CONCHAS DE PINO

Se hace arte, o técnica, con las manos.
Se aprovecha que alguien ha ido al monte y ha traído una concha de pino. De esas que parecen corcho, láminas rojas que llegan a tener un grosor de varios centímetros. El largo, lo que haya dado ocasión la suerte. 
En cualquier caso es una posibilidad de empezar a hacer algo y llevarlo a buen fin.
¿El qué saldrá de ahí?. Pues, lo que se decía: "si sale con Barba, San Antón, si no, la Purísima Concepción".
Los mayores se hacían ceniceros. Resulta curioso cómo los habitantes de las sierras son especialmente cuidadosos con los fuegos. Yo creo que, en el paraíso, vivimos todos con una sombra tremenda sobre nuestras cabezas. No era la "espada de Damocles", era el "espadón del fuego"y, además, con el miedo de que, si se declaraba, no sabríamos hacia dónde huir.
Por eso, los fumadores cogían una concha de pino, la tallaban en forma de cenicero y, en él, se iba echando la ceniza. Al final, recuerdo cómo se apagaban los cigarros, parecía que querían desintegrarlos.... el cigarro contra el cenicero, aplastándolos con una piedra, mirando, después de hacerlo, durante unos momentos. ¡No podía salir humo, ninguno!. Si había duda, se aplastaba otra vez... y así así, nos fuimos escapando del peligro.
Pero, como yo nunca fumé, ni concebí esperanzas de hacerlo, las conchas de pino eran.... para hacer barcos. Bueno, barquitos y, de qué tipo salieran, lo haría la suerte más que la habilidad de las manos.

Nótese que, las herramientas que podíamos utilizar los niños, eran bastante someras. El tío Félix nos dejaba una 'escofina' y, allí al lado, bajo su supervisión. O sea, que todo consistía en limar y limar hasta llegar a la forma deseada.

Empecemos: esto es una cocha de pino:

En este caso, forma parte del corte que sirvió para orientar la caída del pino y del que ya hablé en otro relato.

Ha de despegarse de la madera, con un formón es suficiente.
Y, a partir de ahí, empezar a darle con la escofina para quitar la madera que le "sobra" al casco.

Había que tratar de conseguir una figura alargada, con una parte más fina que haría de "proa" y otra más gruesa, de "popa".

El resto, saldría lo que se pudiera sacar. Es decir, no podía uno esperar que le "saliera" un petrolero, barca de remos, crucero del caribe o cualquier otro tipo. Era cuestión de limar, mirar, limar, mirar, ir por el otro lado, volver a mirar, tratar de hacerlo simétrico, mirar....

Claro, en casa, no lo he hecho ahora con la escofina, he utilizado sierra eléctrica para no cansarme...y, así, al cabo de un rato, me ha salido.... esto:


Que, a lo más que puede parecerse es... muy lejanamente, a un "Junco chino"... o sea, que ahora habría que seguir haciéndolo parecer. Pues nada, más lima (bueno, un 'marranillo' con hoja de lija de madera....).



y, al final, el formón, que en nuestros tiempos no nos lo dejaban usar  (buscábamos una navajilla, pequeña, con mucho cuidado y con algún que otro corte...).
Hacíamos la bañera:




Y, a partir de ahí, a adornarlo... ¡Tenía que parecer un barco!. A éste, le he puesto dos chimeneas... ya no es un Junco....es.... un barquito de concha de pino. ¡Y ya está!.